viernes, 3 de diciembre de 2010

DESTELLANTE NAVIDAD. ¿JESÚS NIÑO EN MÉXICO?


Diciembre es un mes en que todo el mundo creyente se torna más sensible, alegre y vivaz. Las festividades nos hacen más felices a la par que olvidar las tribulaciones de los meses anteriores. La sonrisa aflora en nuestros semblantes a medida que se aproxima la Navidad, para agigantarse en ésta y crecer durante la celebración de Fin y Nuevo Año, haciendo votos porque perdure en el 2011.

Nos deseamos por tanto unos a otros, una sobre dosis de amor. El amor que es el sentimiento reinante de la temporada. El amor que es el que vino a sembrar el Hijo de Dios unido al perdón, para vivir armónicamente con nuestros semejantes.

Hagamos pues de éste, el mayor regalo que podemos dar y que podemos recibir, como eco de AQUEL que con ese presente nos dio luz y paz espiritual.

Quiero evocar en este contexto a un célebre mexicano, quien a su paso por esta vida me dejó trascendentes enseñanzas.

Sebastián Verti, uno de los más entusiastas, conocedores, amantes y máximo propagador de nuestras bellas tradiciones mexicanas, fallecido en la presente década, escribió sobre la Natividad, una exquisita poesía lírica que intituló "Si Jesús Niño hubiera nacido en México", haciendo con ella una trasposición del nacimiento del niño Dios a tierra azteca ubicándolo en los canales de Tláhuac y Xochimilco, al pie de los volcanes.


Con Sebastián me unió una larga y entrañable amistad, a grado tal que quince días antes de su deceso (5 de junio de 2002) recibí un reconocimiento de él por la radio; cuando era Verti quien merecía en esta vida, y en la otra, toda la gloria.

Sea esta reproducción de su poema, un sentido homenaje al excelso defensor de nuestras costumbres mexicanas. Y qué mejor que en esta época de paz y amor.

SI JESUS NIÑO HUBIERA NACIDO EN MEXICO

Desde que Francisco de Asís tuvo la feliz idea de representar con personajes vivos el nacimiento del niño Jesús, hace más de siete siglos, en Greccio, un pueblito de Italia, han sido numerosos los pueblos en toda la Tierra que, imitando la costumbre franciscana, vistieron a los personajes de sus "nacimientos" o "Belenes" con sus ropajes usuales y les imprimieron las características propias de su raza.


Fue así, en forma espontánea y natural, como diversas naciones del orbe asimilaron e hicieron propia esta bella costumbre universal.


México no fue en ello la excepción. Son muchas y variadas las formas de representación de los "nacimientos" en las diversas regiones. Tlaquepaque y Tonalá, Jalisco y Metepec, en el estado de México, sirven de ejemplo entre los más populares y difundidos.

Si Jesús Niño hubiera nacido en México
¡que no en Belén! habría nacido en Tláhuac
o en Xochimilco, sobre una trajinera.


Su madre María lo hubiera envuelto en un
huipil bordado por sus manos, y su padre
le hubiera hecho, para recostarlo, un pesebre
rojo de nochebuenas bajo una gruta
de flores de cempasúchil.


Así, el Niño Jesús hubiera mirado
las primeras estrellas despuntando entre
los volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl,
y los primeros pastores que le hubiesen
entregado sus ofrendas -pan de maíz, nopales
de Milpa alta, miel silvestre y alegrías de
Mixquic-hubieran sido los chinamperos de
Tláhuac o Xochimilco.


Los chinamperos de la comarca, azorados, se
hubieran preguntado, como en su tiempo lo
hicieron los pastores de Belén, ¿qué es lo que
ocurre? ¿por qué nuestros lagos y nuestros
volcanes lucen esplendorosos esta madrugada,
como iluminados por el sol de la mañana?


Y el mismo Ángel que acudió a Belén, hubiera
bajado de las alturas rielando entre los canales
y hubiera llegado hasta las chinampas floridas
de verduras, donde los chinamperos de México
dormían-bajo el cielo razo y a la gran luz de las
estrellas- para vigilar por turnos sus sementeras.


Y al ver que se les presentaba el celestial enviado
y que la gloria del Altísimo les cubría con su luz,
se hubieran soprendido al igual que los pastores de
Belén, y entonces el Angel les habría calmado
hablándoles en náhuatl, diciéndoles:


"No temáis chinamperos del Señor, porque vengo
en misión divina para anunciaros la buena nueva,
que traerá para siempre, a los corazones de los hombres,
una gran alegría; y proclamará la paz entre los pueblos.


¡El Señor ha querido que naciera entre vosotros, en el
lago ancestro, un Salvador, que es el Niños Jesús!


Y ésta ha de ser la señal para que lo reconozcáis:
encontraréis a Jesús Niño sobre una trajinera, al pie
de los volcanes, envuelto en un huipil bordado y
recostado en un pesebre rojo de nochebuenas.


Junto al Niño estará su madre, la Virgen María,
vestida de blanco, como la aurora, cubierto el rostro
con un manto azul, como un cielo tachonado de
estrellas.


Y José, su padre, erguido y de pie, vestido de verde,
como una chinampera fértil, y sobre los hombros
un manto color de cempasúchil, dorado como el sol;
todo esto a la orilla del lago al pie de los volcanes,
en vuestro valle, el de Anáhuac, que esta noche se ha
convertido para siempre, en la región más transparente
del aire".


Minutos después, y al hilo de nuestra fantasía, se unirán
al Angel de la buena nueva, tal y como lo narra el
evengelista Lucas, una multitud de ángeles del ejército
celestial, que entonarían aquel himno solemne y grandioso
de alabanza que dice:


GLORIA A DIOS EN LA ALTURAS Y PAZ EN LA
TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD


Y hubiera acontecido entonces, una vez que los ángeles
se hubieran remontado a los cielos de la región lacustre
en busca de Niño nacido al pie de los volcanes, los
chinamperos, que aún estremecidos, se hubieran dicho
entre sí -al igual que los pastores de Belén-:


¡Vayamos nosotros también como estos ángeles, hasta
la trajinera florida para saludar a Jesús Niño al pie de
los volcanes; quien, como nos lo ha manifestado el
Ángel enviado para anunciarnos tan buena nueva,
ha nacido hoy para alegrar nuestros corazones y traer
paz y amor a los pueblos nuestros!


¡Vayamos alegres! ¡Que suenen los teponaztlis!
¡Que canten las chirimías! ¡que todos vamos presurosos
a llevar nuestras ofrendas a Jesús, a María y José!


Y después de navegar por los canales, hubieran encontrado
lo que el Ángel les había anunciado: a Jesús Niño en una
trajinera, al pie de los volcanes, envuelto en un huipil
bordado y recostado en un pesebre rojo de nochebuenas.


Junto a él, su padre José y, más cerca su madre María;
y en lo alto el Ángel cantando el himno
"Gloria a Dios en las Alturas".


Y habrían sido en la Tierra, en esta nuestra Tierra,
los chinamperos de Tláhuac o Xochimilco, los hombres
de buena voluntad, quienes con paz y alegría
hubieran entregado la primera "ofrenda pastoril"
al primer nacimiento vivo de la historia de la humanidad.


¡Que canten los coros! ¡que suenen los teponaztlis!
¡Que se entonen los clarines!


Por esta noche, en el corazón de la antigua Tenochtitlan,
hay una ofrenda pastoril para el Nacimiento en trajinera.
Sebastián Verti.
Reproducción de Luis Ramírez Reyes
Foto de archivo: Sebastián Verti (tercero izq. a der.) con Claudia Islas, Juan José Origel y quien esto firma.
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1 comentario:

  1. Me dio muchisimo gusto encontrar este material de Sebastian Verti a quien escuchaba en un programa de radio; lo felicito por compartir esta hermosa poesia, al mismo tiempo y si no es mucho abusar de su generosidad lo invito a que si tiene mas material de Sebastian Verti lo comparta, mexicanos como Sebastián muy pocos, orgulloso y amante de sus dos raíces.

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